🔍 Un diagnóstico certero, pero insuficiente
En marzo de 2026, el Fondo Monetario Internacional concluyó su misión técnica en Costa Rica con un mensaje directo: el país necesita una reforma tributaria profunda. El organismo propuso una reforma que reduzca el gasto tributario, introduzca una tasa única para la renta de las empresas, eleve la progresividad del impuesto a la renta de las personas físicas e implante un mecanismo de “feebate” basado en las emisiones de los vehículos. Estas cuatro medidas, tomadas en conjunto, conforman un diagnóstico razonable. Pero la verdad más incómoda es que Costa Rica no necesita cuatro retoques aislados: necesita una reforma fiscal integral de su Ley del Impuesto sobre la Renta, una que reconstruya la lógica misma del sistema desde sus cimientos. El país lleva décadas parcheando un edificio que requiere ser rediseñado.
📉 La deuda como detonante
El punto de partida del FMI es claro y urgente. La deuda del gobierno central cerró 2025 por encima del 60% del PIB, y el organismo advirtió que los cambios recientes en las políticas han “erosionado la base impositiva”, dejando al gobierno con poco margen de maniobra. A esto se suma que la recaudación de impuestos apenas creció un 1% en los primeros meses de 2026. En ese contexto, las cuatro propuestas del FMI son pertinentes, pero su mayor virtud está en lo que implican si se aplican de forma articulada: la tasa única empresarial y la reducción del gasto tributario son, en realidad, dos caras de la misma moneda, y deben moverse juntas o no moverse del todo.
🏢 Tasa única y exoneraciones: el núcleo sensible
La propuesta de una tasa única para las empresas y la eliminación de exoneraciones forman el núcleo más sensible de cualquier reforma. Hoy, Costa Rica tiene una de las cargas impositivas nominales más altas de la OCDE para las empresas, con tasas de hasta el 30%, pero paradójicamente su tasa efectiva real ronda apenas el 12%. ¿Cómo es posible esa brecha? La respuesta está en el laberinto de exoneraciones: Costa Rica destina el 4,2% del PIB a financiar exenciones y beneficios fiscales, superior al promedio regional del 3,6%, siendo el impuesto al consumo el que concentra mayor gasto tributario con un 2,3% del PIB, seguido por las rentas de empresas con un 1,1% del PIB. El elefante en la habitación es que una porción significativa de esas exoneraciones ampara a las PYMES, que bajo el esquema actual tributan a tasas muy reducidas o directamente no tributan. Eliminarlas es políticamente explosivo porque las pequeñas y medianas empresas son el tejido vivo de la economía costarricense y tienen voz política organizada. Sin embargo, una tasa única razonable —digamos, entre un 15% y un 20%— combinada con la eliminación progresiva de exoneraciones, podría resultar más justa y más recaudatoria que el sistema actual, donde las grandes empresas encuentran vías de escape y las medianas pagan la cuenta llena.
🌐 El impuesto mínimo global: la presión que no da espera
Precisamente esta brecha entre tasa nominal y tasa efectiva introduce una presión internacional que Costa Rica no puede seguir ignorando. El impuesto mínimo global nació de la iniciativa de la OCDE conocida como “Pilar 2”, cuyo objeto es establecer un nivel de tributación global mínimo del 15% para las grandes multinacionales en todos los países en que están presentes. Costa Rica, como miembro de la OCDE desde 2021, está obligada a alinearse con este estándar. El problema es estructural: si una empresa multinacional instalada en una zona franca costarricense tributa efectivamente menos del 15%, el país de origen de esa empresa tiene el derecho de cobrar la diferencia. En otras palabras, Costa Rica estaría subsidiando al fisco extranjero en lugar del propio. Países como Costa Rica, cuya estrategia de desarrollo se basa en parte en regímenes especiales, podrían verse especialmente afectados por la implementación del impuesto mínimo global. Adaptar el sistema tributario a este nuevo piso global no es opcional: es una condición de su membresía en el club de las economías avanzadas.
👤 La cascada hacia personas físicas y el IVA
Este reordenamiento empresarial inevitablemente genera una presión en cascada sobre las personas físicas y sobre el consumo. Si el Estado necesita más ingresos y las empresas ya cargan con una reforma, el ajuste redistributivo tenderá a recaer sobre los contribuyentes individuales y sobre el IVA. La propuesta del FMI de aumentar la progresividad en renta personal apunta en esa dirección, pero hay un límite: la evasión fiscal en Costa Rica se estima en un 7,4% del PIB, lo que significa que subir tasas sin primero cerrar la brecha de cumplimiento es como tratar de llenar un balde con el fondo roto. Respecto al IVA, la evidencia regional es contundente: en los países de América Latina y el Caribe, la recaudación del IVA representa en promedio aproximadamente seis puntos porcentuales del PIB, un porcentaje no demasiado distante de los siete puntos que se recauda en promedio en los países de la OCDE, lo que lo convierte en el impuesto de mayor potencial recaudatorio de la región. Costa Rica tiene margen para ampliar su base del IVA —hoy llena de exenciones—, pero hacerlo sin compensaciones para los hogares de menores ingresos sería fiscalmente eficiente y socialmente regresivo al mismo tiempo.
⚖️ La disyuntiva que el tiempo hará inevitable
El gobierno de Laura Fernández enfrenta así una disyuntiva que el tiempo hará más urgente. No se trata ya de si habrá reforma fiscal o no —la aritmética de la deuda, las obligaciones con la OCDE y la presión del FMI responden esa pregunta por sí solas—, sino de a quién afectará menos. Reformar el impuesto de renta empresarial con tasa única tocará a las PYMES. Eliminar exoneraciones tocará a sectores con enorme poder de cabildeo. Aumentar la progresividad en renta personal tocará a la clase media profesional. Ampliar el IVA tocará a todos los consumidores. No existe la opción indolora. Lo que sí existe es la diferencia entre una reforma diseñada con equidad y evidencia, que distribuya la carga con criterio y amplíe la base tributaria de forma estructural, y una serie de parches que posterguen el ajuste inevitable a un costo mucho mayor. Costa Rica tiene las herramientas técnicas, la membresía internacional y el momento político para hacer esa reforma bien. La pregunta es si tiene la voluntad de hacerla.
Este ensayo es de carácter informativo y no constituye asesoría legal ni fiscal. Para una evaluación de su situación específica, escríbanos a: info@tributax.cr



